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LA PALABRA

Por Ivonne Fournery

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¡Hola con hache y ola sin hache! La primera para saludar a todos los que están en El Sube y Baja, y la segunda para hacerles llegar todo el cariño que se esconde en estas líneas. Se esconde hasta que ustedes les presten sus orejas, y enseguida se abre y se desparrama como las del borde del mar.

Estamos aquí para celebrar la más grande de todas las palabras: la palabra. Esta verdad no necesita ser demostrada: piensen en lo mejor, en lo más grande, en el número de estrellas en el cielo, en el amor, en la solidaridad…Todo, absolutamente todo, necesita una palabra que lo exprese y lo contenga.

 

¿Y por qué “nuestras” palabras? Porque no son las que nos enseñaron en la escuela ni en los libros sino las que recordamos. Cuando yo era muy chiquita, le pregunté a mamá qué era la cultura. Eran otras épocas, claro. Épocas en las cuales se hablaba mucho de la cultura. Porque había poca o demasiado poca, pero se hablaba, y eso era lo importante. Era un tema, como se dice ahora. Y todavía recuerdo lo que ella me contestó: “Cultura es lo que te queda cuando te olvidaste de todo lo que te enseñaron”. Mamá siempre tenía una respuesta para todo. Podía ser verdad o no, pero todo lo que me decía me hacía pensar.

La cuestión es que cada vez que yo decía, por ejemplo: “Si yo tendría…”. Algo, lo que fuera: sueño, hambre, plata, me interrumpía con cuatro “noes”: “No, no, no, no” y luego: “No se dice “si yo tendría”, se dice “si yo tuviera tiempo”, “si yo tuviera”, “si yo tuviera tiempo”… y después sí: “me iría a la calesita”.

Ahora bien: ¿qué pasa cuando a un chico le dicen: “el “tendría” se usa en la oración principal y no en la subordinada adverbial condicional”? Muy probablemente lo escucharía como quien oye llover.

Claro que, “si yo fuera” maestra, trataría de explicarlo de otra manera.

¿Y a qué viene todo esto? A que si tuviéramos muchos, pero muchos maestros de castellano como un Paenza de los números… tendríamos un montón de problemas resueltos. Sin embargo, no hay por qué ensañarse con los maestros (que ya bastantes penurias pasan), sino con lo que se lee en los diarios y lo que se escucha por la radio. De lo que pasa en los zócalos de la televisión ni hablemos.

¡Multas! ¡Hay que poner muchas multas y muy altas! Así, con todo lo que se recaudara se abriría una excelente fuente de trabajo para los correctores en los diarios (que antes los había, y ahora nos tenemos que conformar con el que trae la computadora, que es de terror).

¡Y no! ¡No, no, no, no… como diría mi mamá. Mejor me callo porque los voy a aburrir. Un mensajito final: si yo llegara a equivocarme (que es muy, pero muy probable, háganmelo saber aquí, a “Nuestras Palabras” de El Sube y Baja), porque mi mamá me enseñaba con lo que ella recordaba. Así avanzamos juntos: todos maestros y todos alumnos al mismo tiempo. ¡Hasta el viernes!

La PALABRA , por Ivonne Fournery Video

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